Steven Best
A diferencia de los demás humanismos, una nueva visión del progreso debe incluir a los seres sensibles no humanos, es decir, a los animales, en la categoría de “todos” quienes deben beneficiarse de las políticas sociales o las decisiones de la comunidad. Debemos promover un nuevo universalismo que trascienda las limitaciones del humanismo y tenga en cuenta las especies no humanas, el medio ambiente, así como las complejas relaciones mutuas entre humanos, animales y el mundo natural. El problema no son las narrativas excesivamente universales que ocultan las diferencias culturales, sino más bien aquellas que no son suficientemente universales.
En consonancia con esto, defino el progreso social como aquello que ocurre siempre que se dan avances en democracia, igualdad y derechos de modo que se maximice el bienestar material y psicológico del máximo número posible de seres (humanos y no humanos) en la mayor medida posible, y que existe en armonía con la naturaleza y la dinámica ecológica. De acuerdo con esta concepción, el progreso se mide en función del grado en que se fomenta el bienestar y la integridad de tres mundos solapados: los animales humanos, los animales no humanos y el entorno natural. Si algunos humanos obtienen beneficios (por ejemplo, extrayendo petróleo del Ártico) a costa de los animales y la Tierra, eso no es progreso; no sólo debido al pequeño número de personas que se benefician, sino por el perjuicio que sufren animales y hábitat, de modo que a la larga también se perjudica a los intereses humanos.
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