El Proyecto Gran Simio es una iniciativa de un grupo de pensadores de todo el mundo con la cual pretenden otorgar una serie de derechos fundamentales a todos los grandes simios, entre los que se encuentran los chimpancés, los bonobos, los gorilas y los orangutanes (además del ser humano, claro está).
Los derechos propuestos para ser otorgados a todos los miembros de estas especies animales son básicamente el derecho a la vida, el derecho a la libertad y el derecho a no ser torturado, ni física ni psicológicamente.
Pero, ¿por qué estos y no otros derechos? Diversos estudios científicos han probado la existencia de ciertas capacidades mentales en los grandes simios no humanos que son similares a las de sus parientes humanos, como son la capacidad para el lenguaje, la autoconciencia y la capacidad de relacionarse con uno mismo como ser que existe en el tiempo y está conectado a un pasado y un futuro. Todas estas capacidades nos indican claramente que los miembros de estas especies tienen una serie de intereses complejos, entre los que se encuentran el interés por vivir, el interés por ser libre y el interés por no ser torturado ni física ni psicológicamente.
Según vimos en anteriores artículos, los intereses de los distintos individuos han de ser respetados, independientemente de la especie a la que pertenezcan. Y es por esto por lo que la idea de otorgar los tres derechos fundamentales mencionados anteriormente parece, en principio, ser una muy buena idea. Pero esta idea tiene un par de puntos negros sobre los que hace falta dar un poco de luz. Según vimos en el artículo Los límites de los agentes morales: “…al interferir en la vida y en las interrelaciones entre los distintos animales no humanos, no sólo corremos el riesgo de romper el equilibrio natural de los ecosistemas, sino que seguramente muchos individuos acabarán siendo perjudicados por nuestras acciones.
El principio de mínima injerencia en las distintas interrelaciones entre animales no humanos parece ser una postura de lo más razonable. Queda claro que haciendo uso de este principio no se puede asegurar la defensa de los intereses más básicos de los animales no humanos, pero es igualmente cierto que esos intereses tampoco serían salvaguardados en caso de que se actuara en favor de un animal no humano (o un grupo de ellos) dado que se perjudicarían los intereses de los animales no humanos que se alimentan de aquellos. No es posible, pues, establecer un sistema de derechos legales en el que se reflejen los intereses de todos los sujetos morales. Sin embargo, sí que se puede proteger en cierta medida a los animales no humanos de las barbaridades cometidas por el ser humano. Para ello, se debería legislar de tal modo que ningún humano pudiese atentar contra los tres intereses naturales más básicos que poseen los animales no humanos, que son: el interés en vivir, el interés en ser libre y el interés en no padecer daño físico o psíquico (todo ello en función de las características propias de cada individuo, claro está)”.
No se trata, pues, de asegurar la vida, la libertad y el interés en no ser torturado ni física ni psicológicamente de los animales no humanos, sino más bien de evitar que ningún ser humano pueda atentar contra dichos intereses. Éste es un matiz importante, que debería ser incluido de alguna manera en el Proyecto Gran Simio.
Otro punto sobre el que merece la pena arrojar un poco de luz, y que es sin lugar a dudas el que ha suscitado los grandes debates entre los defensores de los animales es el que se refiere a los posibles efectos negativos que este proyecto pudiera tener en su conjunto. Está claro que el objetivo primordial del Proyecto Gran Simio es cuestionar la supremacía moral del ser humano sobre el resto de animales, ampliando la comunidad de seres que merecen consideración moral al resto de grandes simios. Algunos de los que defienden este proyecto lo consideran como un buen punto de partida para luchar contra el especismo humanista, según el cual los intereses de los seres humanos son los únicos que merecen ser tenidos en cuenta. Y a partir de este primer punto, se iría ampliando la esfera de la comunidad moral, hasta llegar, al final, a incluir a todos los seres con intereses. Otros consideran que, a pesar de cuestionar el especismo humanista, no deja de ser un proyecto especista, pues incluye a algunas especies animales por el mero hecho de compartir ciertas características con el ser humano. Y esta última afirmación es totalmente cierta. El Proyecto Gran Simio peca de un tipo de especismo denominado especismo antropocéntrico indirecto, según el cual, merecen consideración moral aquellos individuos que pertenecen a especies que comparten ciertas características con el ser humano. Los que cuestionan la bondad de este proyecto se basan en la idea de que un proyecto especista no puede ser una herramienta eficaz par luchar contra el especismo, sino que favorecerá la mentalidad especista de la sociedad.
Uno de los motivos por los que se decidió llevar a cabo este proyecto fue el hecho de darse cuenta de que ampliar de golpe y porrazo la esfera de la comunidad moral a la totalidad de los seres con intereses es una tarea simplemente imposible, dado el rechazo que generaría en gran parte de la sociedad una medida tan “atrevida”. Si el resultado de la aplicación práctica del PGS fuese el fin de cualquier tipo de especismo y de la explotación animal a medio o largo plazo, no habría nada que objetar desde un punto de vista meramente ético, pues lo único que hemos de tener en cuenta son las consecuencias de nuestras decisiones y acciones, y que todos los agentes morales que participen de dichas acciones tengan toda la información necesaria para poder decidir libremente. Hemos de reconocer que, a pesar de no conocer todas las implicaciones de semejante proyecto, otorgar derechos legales a la vida, a la libertad y a no ser torturados a todos los grandes simios no solo no puede perjudicarlos de ningún modo, sino que ayuda a luchar contra la creencia de que existe un abismo ontológico entre el ser humano y el resto de animales, lo cual constituye, a mi juicio, el problema ético fundamental de nuestro tiempo. Que el proyecto peque de otro tipo de especismo (el antropocéntrico indirecto) resulta ser un problema que habría que solucionar con el paso del tiempo, una vez la sociedad haya tomado conciencia de que el ser humano no es el único ser cuyos intereses merecen ser tenidos en cuenta.
Como afirman los propios promotores del proyecto, “es probable que surjan nuevos problemas, pero no serán insuperables, y conforme vayamos superándolos uno a uno, conseguiremosque se ponga de manifiesto la naturaleza espuria de los obstáculos que se alegan para superar las barreras entre las especies”.
El Proyecto Gran Simio es, por todo lo visto, un buen primer paso para construir una sociedad en la que los intereses de los animales no humanos sean respetados del mismo modo en que lo son los de los miembros de la especie humana.
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